La noche se cernía sobre el viejo caserón mientras el padre Andrés se preparaba para enfrentar una presencia que trascendía la muerte. Frente a él, una mujer vestida de blanco sollozaba en la penumbra, su llanto desgarrador llenaba la habitación con un dolor que helaba la sangre. Pero no era una simple alma en pena… era La Llorona. Sus ojos vacíos escondían una tristeza infinita, pero también una ira incontenible. Con su crucifijo en mano y su fe como única defensa, el sacerdote comenzó el rito, pero pronto comprendió que esta no sería una batalla como las demás. La entidad conocía sus miedos, sus dudas, sus pecados más ocultos. Cada oración pronunciada hacía que el lamento se transformara en un grito de furia, las sombras crecían a su alrededor, y las paredes vibraban con una fuerza espectral. ¿Podrá el padre Andrés liberar su alma atormentada o será él quien se pierda para siempre en el llanto maldito de La Llorona?